domingo, 5 de agosto de 2007

(Sixteen Reasons) Why I love you

Connie Stevens: "Sixteen Reasons"

1...The way you hold my hand
2...Your laughing eyes
3...The way you understand
4...Your secret sighs

They're all part of sixteen reasons why I love you

5...The way you comb your hair
6...Your freckled nose
7...The way you say you care
8...Your crazy clothes

That's just half of sixteen reasons why I love you

9...Snuggling in the car
10...Your wish upon a star
11...Whispering on the phone
12...Your kiss when we're alone
13...The way you thrill my heart
14...Your voice so neat
15...You say we'll never part
16...Our loves complete

Those are all of sixteen reasons why I love you

jueves, 31 de mayo de 2007

Los amantes del círculo polar


Esta noche te espero en mi cuarto.
Salta por la ventana
¡Valiente!


Concha y Toro


Deambulo



Deambulo en mi habitación como una loca. Veo a mi triste sombra seguir inútilmente mis pasos. La sorprendo besándome el tobillo. Y por un momento, me río de mí misma mientras continúo mis pasos sin sentido...

miércoles, 30 de mayo de 2007

Ciegos,Sordos y Mudos

06/15/05

Ciegos.
Miradas inutiles que no ven el dolor.
Sordos. Aturdiéndose sin escuchar mi voz.
Mudos. Pronunciando lo que no sale de su corazón.

Todos pretendieron conocerme ya.
A la que hoy llora.
A la que hoy sufre.
A la que hoy creen y fingen apreciar.


En cambio me lastimo a mi misma perdonándolo todo.
Aquello que jamás he de mostrar.
Mostrándoles deseos que no podrán observar.
Contándoles sueños que no han de escuchar.
Explicándoles sentimientos que nunca comprenderán.
Ciegos,Sordos,Mudos de corazón.
Basta de toda esta falsedad...
Basta de ser ser asi...

¿Frívolos? ¿Hirientes? ¿Imperceptibles seres? ¿Artificiales personalidades?

...Creo que hoy me toca a mi ser indiferente...

martes, 29 de mayo de 2007

Ira

06/16/05
Ira que me dominas.

Ira que dejas que reluzca la peor parte de mí .
Me atrapas. Me manejas .
Ira paralizante dentro de mi corazón .
Ira que horroriza y me deja sin razón .
Tómame.
Libérame ya!
Deja que lo inevitable ocurra y dame el valor necesario, que el día de hoy quiero partir de tu lado...

lunes, 30 de abril de 2007

Jhonny Walker

Pensamientos
deJhonnyWalker
para nikoliwitskey!!!!!

...si miro un rostro al cielo.
calculo las arañas.
disculpo los momentos.

más tarde seria tarde.

...si escribo en mis paredes.
frases semi sangrantes.
escupo los lamentos.
y acaricio lo mas enfermo.

lo demas caería muerto.

...si un dia me decido a bailar.
a acabar mostrando las entrañas.
desperdicio supermercados.
y agarro mis sombreros.

podría decir adios.

...pero jamás será domingo de nuevo.
jamás creería en tus mejillas.
nunca más perderia mi reloj de pulsera.

porque ya no existo...ya nadie escribe para mí...las lentas siluetas de la alegria.

Encontrarse

09/29/05
´De Nuestros Miedos

Nacen Nuestros CorajeS,

Y En Nuestras Dudas
Viven Nuestras Certezas.

Los SueÑoS Anuncian
Otra Realidad Posible
y Los Delirios Otra Razón,

En Los Extravios
Nos esperan Los Hallazgos,

Porque Es Preciso Perderse
Para Volver a Encontrarse´

Sucede

06/13/05

En un grito de libertad que nos atrapa y nos encarcela s
omos prisioneros de lo que sentimos. Porque sin saberlo sucede, vamos escondiendo los sentimientos verdaderos y nos vamos imponiendo algunos nuevos.

Buscando un sentido

06/11/05

Recorrí laberintos sin salidas.

Camine por calles oscuras buscando algo.
Nada de lo que hice calmó mi herida.
Me encontraba perdida y rodeada de gente.
Me escondía en los lugares que siempre solía habituar.
Nada en mí era claro, más nada había difuso.

Di lo mejor y no me alcanzó.Huí de mí,me evadí.

..Y asi llegó ese instante en que todo se queda inmóvil y ya las respuestan parecen no aflorar. En aquel momento solo basto algo de tí para que todo tuviera sentido otra vez y lo tuvo..


..*[Las hojas se desplegaron y comenzaron a flotar en el ahnelo de mi felicidad]*...




Te regalo mi paraguas

.::Tu cielo forzándose por retener la tormenta en tu alma. Y yo ahogándome en mi océano de melancolía.Casi no puedo respirar,pero te regalo mi paraguas::.

Para cuando te decidas a salir en tu día de lluvia, yo te voy a estar esperando con mi mejillas empapadas y entonces vamos a recorrer las calles mojadas que conocemos bien. Pero te prometo no dejarte vencer ,ni dejarme vencer. Será solo una mirada al dolor que quedó en el pasado

Cuando te decidas a salir en tu día gris entristecido por viejas penas, puedes caminar conmigo de la mano para sentirnos dulcemente acompañados.

06-08-05

06/08/05

`Discapacitadas almas`
`Miradas Inútiles`
`Insensibles personalidades`
`Falsedades grandes y envidias mayores`

[Ningún cielo nos separa.Ningún espacio nos une]
¿Yo tal vez sea tu salida. O tú mi puerta de entrada?

Colapso Mental


*Comienza
...una paulatina falta de riego al cerebro
..una postración de fuerzas vitales en forma repentina
..todo basado en un trastorno circulatorio

*Entrando en lo que llamarian Shock Emocional !
..que me
.....Perturba...
...Descontrola...
...Altera...
...Transfiere...

*Finalmente ya con la respiración jadiante...
...el pulso disminuido y el alma axficiandome..

Las Indicaciones serían:
¿Mantener la permeabilidad de la vía aérea?
¿Asegurarme de respirar bien?
¿Iniciar una reanimación cardiopulmonar o quizas cardioEMOCIONAL? ¿Colocarme en alguna posicion en particular?
¿Inyectarme alguna medicina anti-afixia?

...solo me queda decir...
["BienVeNiDO CoLaPsO mEnTaL"]

sábado, 7 de abril de 2007

Pausa

Pausa -Mario Benedetti -

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana

examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

miércoles, 3 de enero de 2007

Mario Benedetti

"Miss Amnesia"
La muchacha abrió los ojos y se sintió apabullada por su propio desconcierto. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. Vio que su falda era marrón y que la blusa era crema. No tenía cartera. Su reloj pulsera marcaba las cuatro y cuarto. Sintió que su lengua estaba pastosa y que las sienes le palpitaban. Miró sus manos y vio que las uñas tenían un esmalte transparente. Estaba sentada en el banco de una plaza con arboles, una plaza que en el centro tenía una fuente vieja, con angelitos, y algo así como tres platos paralelos. Le pareció horrible. Desde su banco veía comercios, grandes letreros. Pudo leer: Nogaró, Cine Club, Porley Muebles, Marcha, Partido Nacional. Junto a su pie izquierdo vio un trozo de espejo, en forma de triángulo. Lo recogió. Fue consciente do una enfermiza curiosidad cuando se enfrentó a aquel rostro que era el suyo. Fue como si lo viera por primera vez. No le trajo ningún recuerdo. Trató de calcular su edad. Tendré dieciséis o diecisiete años, pensó. Curiosamente, recordaba los nombres de las cosas (sabía que esto era un banco, eso una columna, aquello una fuente, aquello otro un letrero), pero no podía situarse a sí misma en un lugar y en un tiempo. Volvió a pensar, esta vez en voz alta: "Sí debo tener dieciséis o diecisiete", sólo para confirmar que era una frase en español. Se preguntó si además hablaría otro idioma. Nada. No recordaba nada. Sin embargo, experimentaba una sensación de alivio, de serenidad, casi de inocencia. Estaba asombrada, claro, pero el asombre no le producía desagrado. Tenía la confusa impresión de que esto era mejor que cualquier otra cosa, corno si a sus espaldas quedara algo abyecto, algo horrible. Sobre su cabeza el verde de los árboles tenía dos tonos, y el ciclo casi no se veía. Las palomas se acercaron a ella, pero en seguida se retiraron, defraudadas. En realidad, no tenía nada para darles. Un mundo de gente pasaba junto al banco, sin prestarle atención. Sólo algún muchacho la miraba. Ella estaba dispuesta a dialogar, incluso lo deseaba, pero aquellos volubles con templadores siempre terminaban por vencer su vacilación y seguían su camino. Entonces alguien se separó de la corriente. Era un hombre cincuentón, bien vestido, peinado impecablemente, con alfiler de corbata y portafolio negro. Ella intuyó que le iba a hablar. ¿Me habrá reconocido? pensó. Y tuvo miedo de que aquel individuo la introdujera nuevamente en su pasado. Se sentía tan feliz en su confortable olvido. Pero el hombre simplemente vino y preguntó: "¿Le sucede algo, señorita?" Ella lo contempló largamente. La cara del tipo le ínspiró confianza. En realidad, todo le inspiraba confianza. "Hace un rato abrí los ojos en esta plaza y no recuerdo nada, nada de lo de antes." Tuvo la impresión de que no eran necesarias más palabras. Se dio cuenta de su propia sonrisa cuando vio que el hombre también sonreía. Él le tendió la mano. Dijo: "Mi nombre es Roldán, Félix Roldán". "Yo no sé mi nombre", dijo ella, pero estrechó la mano. "No importa. Usted no puede quedarse aquí. Venga conmigo. ¿Quiere?" Claro que quería. Cuando se incorporó, miró hacia las palomas que otra vez la rodeaban, y reflexionó: Qué suerte, soy alta. El hombre llamado Roldán la tomó suavemente del codo, y le propuso un rumbo. "Es cerca", dijo. ¿Qué sería lo cerca? No importaba. La muchacha se sentía como una turista. Nada le era extraño y sin embargo no podía reconocer ningún detalle. Espontáneamente, enlazó su brazo débil con aquel brazo fuerte. El traje era suave, de una tela peinada, seguramente costosa. Miró hacia arriba (el hombre era alto) y le sonrió. Él también sonrió, aunque esta vez separó un poco los labios. La muchacha alcanzó a ver un diente de oro. No preguntó por el nombre de la ciudad. Fue él quien le instruyó: "Montevideo". La palabra cayó en un hondo vacío. Nada. Absolutamente nada. Ahora iban por una calle angosta, con baldosas levantadas y obras en construcción. Los autobuses pasaban junto al cordón y a veces provocaban salpicaduras de un agua barrosa. Ella pasó la mano por sus piernas para limpiarse unas gotas oscuras. Entonces vio que no tenía medías. Se acordó de la palabra medias. Miró hacia arriba y encontró unos balcones viejos, con ropa tendida y un hombre en pijama. Decidió que le gustaba la ciudad."Aquí estamos", dijo el hombre llamado Roldán junto a una puerta de doble hoja. Ella pasó primero. En el ascensor, el hombre marcó el piso quinto. No dijo una palabra, pero la miró con ojos inquietos. Ella retribuyó con una mirada rebosante de confianza. Cuando él sacó la llave para abrir la puerta del apartamento, la muchacha vio que en la mano derecha él llevaba una alianza y además otro anillo con una piedra roja. No pudo recordar cómo se llamaban las piedras rojas. En el apartamento no había nadie. Al abrirse la puerta, llegó de adentro una bocanada de olor a encierro, a confinamiento. El hombre llamado Roldán abrió una ventana y la invitó a sentarse en uno de los sillones. Luego trajo copas, hielo, whisky. Ella recordó las palabras hielo y copa. No la palabra whisky. El primer trago de alcohol la bizo toser, pero le cayó bien. La mirada de la muchacha recorrió los muebles, las paredes, los cuadros. Decidió que el conjunto no era armónico, pero estaba en la mejor disposición de ánimo y no se escandalizó. Miró otra vez al hombre y se sintió cómoda, segura. Ojalá nunca recuerde nada hacia atrás, pensó. Entonces el hombre soltó una carcajada que la sobresaltó, "Ahora decime, mosquita muerta. Ahora que estamos solos y tranquilos, eh, vas a decirme quién sos." Ella volvió a toser y abrió desmesuradamente los ojos. "Ya le dije, no me acuerdo." Le pareció que el hombre estaba cambiando vertiginosamente, como si cada vez estuviera menos elegante y más ramplón, como si por debajo del alfiler de corbata o del traje de tela peinada, le empezara a brotar una espesa vulgaridad, una inesperada antipatía. "¿Miss Amnesia? ¿Verdad?" Y eso ¿qué significaba? Ella no entendía nada, pero sintió que empezaba a tener miedo, casi tanto miedo de este absurdo presente como del hermético pasado. "Che, miss Amnesia", estalló el hombre en otra risotada, "¿sabes que sos bastante original? Te juro que es la primera vez que me pasa algo así. ¿Sos nueva ola o qué?" La mano del hombre llamado Roldán se aproximó. Era la mano del mismo brazo fuerte que ella había tomado espontáneamente allá en la plaza. Pero en rigor era otra mano. Velluda, ansiosa, casi cuadrada. Inmovilizada por el terror, ella advirtió que no podía hacer nada. La mano llegó al escote y trató de introducirse. Pero había cuatro botones que dificultaban la operación. Entonces la mano tiró hacia abajo y saltaron tres de los botones. Uno de ellos rodó largamente hasta que se estrelló contra el zócalo. Mientras duró el ruidito, ambos quedaron inmóviles. La muchacha aprovechó esa breve espera involuntaria para incorporarse de un salto, con el vaso todavía en la mano. El hombre llamado Roldán se le fue encima. Ella sintió que el tipo la empujaba hacia un amplio sofá tapizado de verde. Sólo decía: "Mosquita muerta, mosquita muerta". Se dio cuenta de que el horrible aliento del tipo se detenía primero en su pescuezo, luego en su oreja, después en sus labios. Advirtió que aquellas manos poderosas, repugnantes, trataban de aflojarle la ropa. Sintió que se asfixiaba, que ya no daba más. Entonces notó que sus dedos apretaban aún el vaso que había tenido whisky. Hizo otro esfuerzo sobrehumano, se incorporó a medias, y pegó con el vaso, sin soltarlo, en el rostro de Roldán. Éste se fue hacia atrás, se balanceó un poco y finalmente resbaló junto al sofá verde. La muchacha asumió íntegramente su pánico. Saltó sobre el cuerpo del hombre, aflojó al fin el vaso (que cayó sobre una alfombrita, sin romperse), corrió hacia la puerta, la abrió, salió al pasillo y bajó espantada los cinco pisos. Por la escalera, claro. En la calle pudo acomodarse el escote, gracias al único botón sobreviviente. Empezó a caminar ligero, casi corriendo. Con espanto, con angustia, también con tristeza y siempre pensando: Tengo que olvidarme de esto, tengo que olvidarme de esto. Reconoció la plaza y reconoció el banco en que había estado sentada. Ahora estaba vacío. Así que se sentó. Una de las palomas pareció examinarla, pero ella no estaba en condiciones de hacer ningún gesto. Sólo tenía una idea obsesiva: Tengo que olvidarme, Dios míó haz que me olvide también de esta vergüenza. Echó la cabeza. hacia atrás y tuvo la sensación de que se desmayaba.Cuando la muchacha abrió los ojos, se sintió apabullada por su desconcierto. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. Vio que su falda era marrón y que su blusa, en cuyo escote faltaban tres botones, era de color crema. No tenía cartera. Su reloj marcaba las siete y veinticinco. Estaba sentada en el banco de una plaza con árboles, una plaza que en el centró tenía una fuente vieja, con angelitos y algo así como tres platos paralelos. Le pareció horrible. Desde el banco veía comercios, grandes letreros. Pudo leer: Nogaró, Cine Club, Porley Muebles, Marcha, Partido Nacional. Nada. No recordaba nada. Sin embargo, experimentaba una sensación de alivio, de serenidad, casi de inocencia. Tenía la confusa impresión de que esto era mejor que cualquier otra cosa, como si a sus espaldas quedara algo abyecto, algo terrible. La gente pasaba junto al banco. Con niños, con portafolios, con paraguas. Entonces alguien se separó de aquel desfile interminable. Era un hombre cincuentón, bien vestido, peinado impecablemente, con portafolio negro, alfiler de corbata y un parchecito blanco sobre el ojo. ¿Será alguien que me conoce? pensó ella, y tuvo miedo de que aquel individuo la introdujera nuevamente en su pasado. Se sentía tan feliz en su confortable olvido. Pero el hombre se acercó y preguntó simplemente: "¿Le sucede algo, señorita?" Ella ló contempló largamente. La cara del tipo le inspiró confianza. En realidad, todo le inspiraba confianza. Vio que el hombre le tendía la manó y oyó que decía: "Mi nombre es Roldán. Félix Roldán". Después de todo, el nombre era lo de menos. Así que se incorporó y espontáneamente enlazó su brazo débil con aquel brazo fuerte.

90-60-90

Comprendo que le temas al espejo. Lo miro de reojo, igual que vos. Que esto no es lo suficientemente firme y curvo y esto no está aún del todo plano.
Comprendo que le temas al verano. Septiembre me preocupa como a vos. La histeria de llegar a enero para gustarle al mundo entero, para gustarle al rubio escultural. ¿A quién queremos engañar?
Si al final, nadie le escapa al tiempo. Si al final, sólo trasciende lo que sos. ¿Quién es feliz siempre tratando de gustar? La vida no me va esperar. La vida no te va esperar.
Entiendo que te indigne el nuevo aviso a mi me pone en llamas como a vos. La modelo agradeciendo su belleza a un yogurt. Y a vos, que no te cierran tus medidas.
Entiendo que te sientas aturdida. A veces me confundo como vos. El último bocado activa la culpa que traes escondida. Y si ese chocolate te venció, tal vez deba salir por donde entró.
Si al final, nadie le escapa al tiempo. Si al final, sólo trasciende lo que sos. ¿Quién es feliz siempre tratando de gustar? La vida no me va esperar. La vida no te va esperar.
Entiendo que te sientas aturdida. A veces me confundo como vos.